Ramón Valdés

3 lecciones imprescindibles que dejó Don Ramón

Estas son las enseñanzas más importantes que dejó Don Ramón, uno de los personajes favoritos del Chavo del 8.
martes, 9 de febrero de 2021 · 10:00

Ramón Valdés perteneció a una de las dinastías más importantes de la comedia mexicana. El actor fue sin duda de los que más resaltó entre sus hermanos y gran parte de ello se lo debe a Don Ramón, su personaje en el Chavo del 8. En la serie creada por Chespirito actúo de un hombre de buen corazón aunque un tanto pícaro que vivía junto a los otros personajes en la vecindad más divertida del planeta.

Cuando abandonó el show ya nada fue lo mismo, y es que el encargado de darle vida al padre de la Chilindrina aunque tenía sus defectos era un ejemplo y en esta nota te contamos porque. Basta con poner atención para comenzar a notar algunas lecciones que tenía el hombre que debía unos 14 meses de renta. Si bien se podría describir como desobligado y gruñón fue sin duda uno de los papeles más alabados por el público. 

Su valor respecto al trabajo. Casi nunca tenía dinero lo que le ocasionaba estar ahogado en deudas, siempre dejaba en claro que nunca dejó de buscar un empleo para llevar el sustento a su hogar. Aunque por diferentes razones la suerte no estaba de su lado, siempre encontraba el modo de ingeniárselas ya sea vendiendo churros, globos e inclusive barbero. 

Una de sus frases recurrentes fue: 'Ningún trabajo es malo, lo malo es tener que trabajar'. Y esto también reivindica que nunca se sintió menos por tener un empleo humilde o sencillo. 

Su paciencia. Existe una ley universal que indica que nunca se debe actuar cuando se esta enojado y si bien estamos frente a un personaje arrisco, hay que reconocer que recurría de forma constante a su paciencia para dominar sus impulsos. Se podría decir que era por completo dueño de sus actos. 

A pesar de haber recibido cachetadas, insultos, burlas siempre mantenía el control hasta el último momento. No se puede negar que en muchas oportunidades se desquitaba con Quico y con el Chavo pero lo sabía una vez que se le pasaba la rabieta. 

Saber decir las cosas. Una de las características más sobresalientes de Don Ramón es que a pesar de ser un hombre poco culto sabía cuando expresar su incomodidad cuando se abordaban algunos temas de los que prefería no hablar. Prueba de ello es su o inconfundible frase 'Yo le voy al Necaxa' o 'Qué pasó qué pasó vamos ay' para hacer saber que no estaba de acuerdo con el rumbo que podía tomar la charla.